ACLARACIONES SOBRE EL NO CALENDARIO MAYA

“Descifrado el retorno
Llegó la memoria
Calendarios
Armonía y cosecha
Sembrados en flores de fuego
Con humo sagrado y danzas del tiempo”.

Gerardo Kanek Barrios Luic, abuelo de sabiduría Maya, contador del tiempo, dedicó su vida a la investigación de los múltiples universos calendáricos de su pueblo, así como al servicio universal mediante las innumerables Fuegos Sagrados que sembró por todo el planeta. La inmensa resonancia de sus investigaciones danzará en los cuatro puntos cardinales de cada corazón anunciando este tiempo de luz y armonía. A continuación, un fragmento de la vasta investigación del Abuelo Gerardo Kanek en relación a lo que llamó el “No calendario maya”.

“Al salir del área maya nos sorprendimos al encontrar en el mundo occidental información sobre un calendario supuestamente maya que no corresponde a la tradición de esta cultura. Este calendario contiene una serie de errores en cuanto significado, tradición mística y correlación con otros calendarios, así como un total desfase sobre el tiempo maya.

Hemos investigado en forma minuciosa su origen y ahora sabemos que todo comenzó de manera simultánea con el proceso de invasión occidental a las tierras de América. Infortunadamente, el fanatismo religioso y el pensamiento oscurantista se habían apoderado de las religiones que en ese momento se profesaban en Occidente y llegaron a América con una gran carga de prejuicios, con la que su estrecha visión percibía pecados y demonios en todos los actos. Con las tropas invasoras llegó la oscuridad del fanatismo inquisidor, encabezado por Fray Diego De Landa.

Con antelación a esta época, los grandes profetas y visionarios del mundo maya, en especial Tekumamchu, habían anunciado estos sucesos como parte del ciclo que llegaría (B’elejeb Tiku, el ciclo de las nueve oscuridades). Por ese entonces se anunciaron las regiones donde el proceso invasor sería más fuerte, lo que permitió tomar ciertas medidas preventivas. Esa devastación tuvo lugar en especial en dos de las cuatro áreas en las que vivía el pueblo Mayab: en la región noratlántica y la surpacífica, dejando casi intacta las regiones del Petén, selva tropical inaccesible, centro de las grandes ciudades y pirámides, y el altiplano guatemalteco, matriz del mundo maya, que ha sido siempre la más importante de sus regiones. Gracias a la prevención de los grandes profetas mayas, lo más importante se desmanteló y a los grandes sabios del lugar se les trasladó a las zonas más seguras de la selva, las altas montañas, a Honduras y Paxil.

Se destaca la actitud de Landa, quien pidió viajar a Mesoamérica para cumplir con la nefasta misión de destruir y quemar todo lo que, a su juicio, podía tomarse por satánico. En el clímax de su proceso, llevó a cabo la más siniestra de sus acciones, solo comparable con el incendio de la biblioteca de Alejandría, que consistió en desmantelar monumentos y encender una hoguera que ardió durante varias semanas, cuyo combustible fueron miles de códices mayas y también sacrificó en el fuego a muchos de los líderes y sabios indígenas.
Una vez el cura inquisidor creyó cumplir con su misión, partió a España con el propósito de pedir una retribución por concepto de servicios a la Corona y a la Iglesia. Sin embargo, el rey Carlos V le pidió volver para reconstruir la información, supuestamente destruida. Con su visión inquisidora trató de recabar datos, en su gran mayoría equivocados. Y basándose en ellos escribió La relación de la Conquista de Yucatán, donde consigna datos equivocados sobre tres de los veinte calendarios mayas.

Resulta sorprendente cómo esta información tergiversada ha sido tenida en cuenta desde los primeros arqueólogos que la convirtieron en ley, hasta el señor Argüelles, quien desde el siglo XX la tomó para crear su calendario maya-galáctico, basado en los datos erróneos de Landa, los cuales presentan una mezcla con el I Chin, (tradición oriental que respetamos, pero que no es maya). Lo que sí es claro es que la totalidad de las naciones mayas, principalmente las hablantes, coincidimos con los mismos ciclos del calendario, distintos de los propuestos por el señor Argüelles. Todos tenemos claro y coincidimos en el uso del Cholq’ij, su tiempo y las energías que maneja, lo cual es coherente con la cosmovisión de toda la población maya.

Nuestros datos se confirman con los de los mismos cronistas españoles que acompañaban a los conquistadores en los siglos XVI y XVII. En cuanto los siglos XVIII, XIX y XX, las anotaciones en periódicos antiguos y los datos de antropólogos que visitaron las comunidades mayas en distintas épocas y que registraron la relación del calendario maya-occidental, coinciden con la conservada por el pueblo maya original.

La tradición maya es un proceso milenario que conlleva vivencias y sabiduría, y quince millones de mayas hablantes residentes en Mesoamérica merecen respeto. Sin duda, personas ajenas al pueblo maya no pueden mezclar el calendario del cura inquisidor con la mística y la tradición de todo un pueblo milenario y llamar a esto sabiduría.

Es claro que la totalidad de las naciones mayas, principalmente las hablantes, coincidimos con los mismos ciclos del calendario, distintos de los propuestos por el señor Arguelles. Por eso coincidimos en el uso del Cholq’ij, su tiempo y las energías que maneja, lo cual es coherente con nuestra cosmovisión.

Los calendarios del pueblo maya han sido manejados por los grandes Abuelos sabios y por las naciones, que han sabido resguardar su exactitud, pureza y confidencialidad. Se utilizan varios calendarios galácticos conocidos como Choltun (260 años tun) y Nima Q’ij (67.600 años tun), así como otros calendarios que hacen relación a los ciclos del Sistema Solar, en correlación con nuestra galaxia. Contamos con uno que maneja nuestro universo y otros que consideramos divinos con relación a otros universos. También contamos con el calendario Ik’tun que maneja los ciclos lunares, pero no tiene nada que ver con el sincronario de las 13 lunas.

Esta sabiduría es un legado milenario que se enseña desde la más temprana edad y la utilizamos en nuestra vida personal y comunitaria, consecuente con los ciclos de nuestra historia. Su veracidad puede comprobarse por medio de los códices que conoce el mundo occidental y por los que se resguardan en nuestras comunidades, también en los memoriales y los Chilan Balam, documentos escritos en idiomas mayas con escritura occidental, de los cuales hay veinte en México, ochenta en Guatemala (el Memorial de los X’ajil, por ejemplo) y otros veinte en otros países de Centroamérica.

Los calendarios del pueblo maya son una tradición verídica, los seguimos y seguiremos utilizando y es por eso que estamos vivos. Como los Nima Ajq’ijab´ Grandes Abuelos dicen en referencia al pueblo maya: “Fuimos los de ayer, somos los de hoy y seremos los de mañana”.

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